Por qué castigar la reactividad empeora el problema
Aunque parezca lógico “cortar” la conducta, el castigo suele hacer justo lo contrario.
Tirones, gritos, collares punitivos o correcciones fuertes siguen siendo habituales. Pero cuando hablamos de reactividad, el castigo suele aumentar el problema en lugar de resolverlo.
La reactividad no es desobediencia
Un perro reactivo no está decidiendo portarse mal. Está reaccionando desde un sistema nervioso saturado.
Qué aprende el perro cuando lo castigas
- Que el estímulo es aún más peligroso
- Que expresar malestar tiene consecuencias
- Que debe reaccionar más rápido o más fuerte
El efecto silencioso: inhibición
Algunos perros “mejoran” aparentemente tras castigos. En realidad, dejan de avisar.
Antes
Ladra, gruñe, se tensa.
Después
Callado… pero igual de estresado.
Por qué parece que “funciona” al principio
El castigo puede suprimir la conducta momentáneamente. Pero no enseña alternativas ni reduce la activación.
- El miedo sigue ahí
- La frustración se acumula
- La explosión suele volver
Qué hacer en lugar de castigar
- Aumentar distancia antes de la reacción
- Trabajar la calma fuera del conflicto
- Mejorar manejo y lectura del paseo
- Reducir activación general
Un cambio de enfoque clave
Dejar de pensar en “¿cómo paro esto?” y empezar a pensar en “¿qué necesita mi perro para no llegar aquí?”.
Si no quieres basar el paseo en el miedo
En PerroViajero® trabajamos sin castigos, desde la emoción y el manejo real del día a día.
Menos miedo. Más comprensión. Paseos posibles.
